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La aguja que nadie mira: curiosidad urbana en pleno centro porteño

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Lunga Hay calles que creemos conocer de memoria. Las caminamos apurados, con la mirada baja, convencidos de que ya no guardan sorpresas. Pero a veces, en pleno centro de Buenos Aires, algo se planta frente a nosotros y nos obliga a frenar. Una estructura imposible, delgada como una aguja, se eleva entre edificios que cargan décadas de historias. No parece pertenecer a la calle, ni al tiempo. Está ahí, como si alguien la hubiera olvidado en medio del paisaje urbano… o como si siempre hubiese estado y recién ahora decidiéramos verla. La escena es simple y extraña a la vez: una calle casi vacía, un hombre detenido, y esa presencia vertical que rompe la lógica del entorno. ¿Qué sostiene? ¿Para qué sirve? ¿Por qué nadie parece mirarla? Tal vez la fotografía no hable de la estructura en sí, sino de nuestra costumbre de naturalizar lo extraño. De aceptar lo absurdo como parte del paisaje. De seguir caminando sin preguntas. Esta imagen es una pausa. Un recordatorio de que incluso en el co...

La figura oculta entre hojas: cuando la ciudad aún guarda símbolos

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Detrás  A veces la ciudad habla en voz baja. No lo hace con carteles ni con pantallas, sino con detalles que resisten al paso del tiempo. Esta imagen es uno de ellos. Entre las hojas verdes de un árbol urbano aparece una figura tallada en la fachada de un edificio antiguo. No se muestra del todo: se deja ver apenas, como si eligiera a quién revelarse. El follaje la protege, la esconde y, al mismo tiempo, la señala. Hay algo deliberado en ese juego entre naturaleza y piedra. La figura parece moverse, aunque  esté quieta desde hace décadas. Tiene gesto, dirección, intención. Tal vez represente un oficio olvidado, un símbolo de otra época, o simplemente la voluntad humana de dejar una marca con sentido. Hoy, rodeada de ramas y ventanas modernas, su presencia plantea preguntas: ¿Qué mensajes quedaron atrapados en los muros?, ¿Cuántas historias pasan inadvertidas mientras miramos hacia otro lado?, ¿Qué valor tienen los detalles cuando el ritmo nos empuja a no ver? El árbol, ...

Bajo el mismo árbol: una silueta en contraluz y un hombre que duerme.

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Dos destinos bajo un árbol: la mujer que avanza y el hombre que descansa.   La escena sucede en silencio. Un árbol enorme lo cubre todo, como si quisiera proteger lo que ocurre debajo sin tomar partido. Una que avanza. Otra que se detiene. O de cómo, incluso bajo la misma protección, cada persona vive su propia batalla. Los humanos pasan. En el centro, una mujer avanza en contraluz. No vemos su rostro, apenas su forma recortada contra la luz. Camina sola, decidida o tal vez cansada. No sabemos de dónde viene ni hacia dónde va. La luz la rodea, pero no la revela. A la izquierda, casi oculto por las sombras, un hombre duerme. Su cuerpo descansa apoyado en la base del árbol, como si hubiera llegado allí buscando refugio o simplemente se hubiera rendido al cansancio. El árbol lo cubre, lo ampara, lo vuelve invisible por un momento. Dos presencias. Dos tiempos distintos. El contraluz no da respuestas. Solo sugiere. La sombra no juzga. Solo guarda. Tal vez la imagen hable de ...

Columnas al sol: cuando la ciudad se detiene a respirar,

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Columnas al sol  Las grandes columnas parecen sostener algo más que un edificio. Sostienen el paso del tiempo, las ideas que fueron dichas en voz alta y las que todavía esperan su turno. La piedra, firme y callada, mira hacia adelante como si supiera que todo cambia, menos la necesidad de encontrarnos. Abajo, en la inmensidad de la escalinata, un pequeño grupo de personas rompe la escala. Son casi nada frente a la arquitectura, pero lo son todo para la escena. Se sientan, conversan, levantan los brazos, celebran estar ahí. No estudian leyes ni discuten conceptos: simplemente viven el momento. La luz del sol cae de costado y dibuja sombras largas, ordenadas, casi perfectas. Todo parece rígido, simétrico… excepto ellos. Y ahí está la belleza: en ese contraste entre lo monumental y lo humano, entre lo eterno y lo efímero. Esta foto no habla de justicia ni de normas. Habla de pausa. De la ciudad cuando baja el ritmo. De esos instantes en los que uno se sienta en un escalón cualquier...

Ventanas iguales, vidas distintas: el misterio de mirar sin saber por qué.

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Fachada de edificio urbano con ventanas alineadas y persianas en distintos estados, reflejando vidas anónimas en la ciudad. Cada ventana es un mundo que no pide ser contado. Ventanas Hay fotos que uno planea y otras que simplemente ocurren . Esta imagen pertenece al segundo grupo. Un edificio común, una fachada repetida, ventanas que se multiplican sin esfuerzo. Y sin embargo, algo detuvo la mirada. Tal vez fue la geometría. Tal vez el silencio. O esa sensación incómoda de que detrás de cada ventana hay una historia que nunca conoceremos. La ciudad está llena de escenas así: las vemos todos los días pero rara vez las miramos . Esta foto no explica nada. Solo propone una pregunta: ¿Cuántas vidas pasan frente a nosotros sin que lo notemos?

Palomas en Laprida.

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 Cuando la ciudad aprende a esperar En una cornisa gastada del centro porteño, un grupo de palomas parece detener el tiempo. La calle Laprida, con sus muros marcados por los años, se convierte en escenario de una pausa urbana donde la ciudad de Buenos Aires baja el ritmo y se deja observar. Sobre el cemento herido por el paso del tiempo, las palomas se alinean como pensamientos sueltos. No vuelan. No huyen. Esperan. Esta fotografía urbana captura ese instante simple y profundo donde el tiempo baja la velocidad y lo cotidiano se vuelve significativo. Mirar estas escenas es otra forma de entender Buenos Aires. La ciudad no siempre corre. A veces se queda quieta, sostenida por escenas mínimas que casi nadie mira. La señal de la calle, la pared descascarada, la cornisa: todo forma parte de un paisaje urbano cotidiano donde la vida encuentra su lugar sin hacer ruido. Las palomas no miran al cielo. Miran la ciudad tal como es: gastada, ruidosa, viva. Esta fotografía urbana...

Un edificio que desafía al cielo.

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El edificio se levanta recto, sin gestos. No busca llamar la atención, pero la impone. Frente a él, el cielo se carga de nubes densas, casi pesadas, como si algo estuviera por romperse. No es solo una escena urbana: es un estado de ánimo. Las ventanas cerradas repiten un mismo ritmo, una vida ordenada que no se ve. Adentro, alguien espera. Afuera, la ciudad se detiene por un instante. Los autos abajo parecen pequeños, pasajeros, mientras la torre permanece inmóvil, sosteniendo el peso del cielo. Esta imagen habla de la ciudad actual: vertical, silenciosa, llena de presencias invisibles. Habla también de nosotros, de cómo seguimos en pie aun cuando el entorno se vuelve oscuro, aun cuando no sabemos si la tormenta pasará rápido o dejará marcas. No hay personas en la foto, pero la huella humana está en cada detalle. En cada ventana, en cada balcón, en esa arquitectura que observa sin responder. Una imagen para mirar despacio. Para entender que, incluso en la quietud, algo siempre está oc...

El dibujo del invierno contra el cielo azul

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Desnudado  En esta fotografía, las ramas desnudas de un árbol se recortan con fuerza sobre un cielo intensamente azul. No hay hojas, no hay flores, no hay movimiento visible. Sin embargo, la imagen está llena de vida. Frente a un cielo azul limpio, casi absoluto, las ramas desnudas se abren como un mapa de líneas vivas, trazadas por el tiempo y la estación. Cada rama avanza, se cruza, duda y continúa, como si buscara su lugar en el espacio. El invierno no oculta: revela. Quita lo superfluo y deja a la vista la forma esencial. Porque incluso desnudo, el árbol permanece. Y en esa quietud, nos recuerda que también nosotros, cuando soltamos, seguimos siendo. El árbol , despojado por la estación, muestra su estructura esencial: un entramado de líneas que se cruzan, se superponen y dialogan entre sí. Cada rama parece buscar su propio camino, creando un dibujo casi abstracto contra el fondo limpio del cielo. La luz resalta los tonos cálidos de la madera y contrasta con el azul frío de...

Que el amor guíe nuestros pasos (Deseo 2026)

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Besote Este no es un texto nuevo. Es el mismo deseo que escribí en 2024, vuelto a mirar con otros ojos y con la certeza de que, aunque el calendario avanza, las condiciones del mundo no han cambiado tanto. La imagen que acompaña este post vuelve a ser la misma: una pareja de rollers, detenida en plena calle, abrazada con un amor visible, sin cálculo ni estrategia. Un gesto simple, directo, humano. Un momento que habla de entrega, confianza y conexión profunda. Desde la mirada de este viejo —que no puede dejar de pensar en el mundo que les dejaremos a nuestros nietos— vuelve la misma pregunta, tan sencilla como incómoda: ¿Qué pasaría si ese nivel de compromiso y unidad existiera también entre quienes toman decisiones? Hablo de dirigentes políticos, pero también de empresarios, sindicalistas y líderes sociales. De todos aquellos que tienen poder real para influir en la vida de los demás. ¿Qué pasaría si, aunque fuera por un momento, dejaran de lado intereses sectoriales, mezquindades y e...

El vendedor de flores del Microcentro: belleza anónima en la ciudad que corre

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Vendedor de flores En una esquina del Microcentro porteño, un vendedor de flores espera. Es un hombre de mediana edad que trabaja en silencio mientras la ciudad sigue su curso entre peatones apurados, edificios históricos y el ruido constante del tránsito. La fotografía, realizada en blanco y negro, registra una escena cotidiana que suele pasar inadvertida. El contraste entre la arquitectura monumental y el pequeño puesto de flores resalta la fragilidad del trabajo informal frente a la magnitud de la ciudad. No hay gesto teatral ni pose: solo la presencia firme de quien ofrece su producto día tras día. La imagen documenta una realidad urbana frecuente en Buenos Aires: personas que sostienen su economía en la vía pública, integradas al paisaje sin ser vistas. El vendedor de flores se convierte así en un testimonio visual del Microcentro y de quienes lo habitan desde los márgenes, aportando humanidad a un espacio dominado por el movimiento y la prisa.  

Donde el mar nos junta: el verano real en Mar del Plata

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Desde la Playa La escena muestra una playa popular de Mar del Plata , con el Club de Pesca como fondo simbólico. El muelle funciona como eje visual y emocional: une ciudad y mar, pasado y presente. En primer plano, la playa está llena de cuerpos diversos , carpas improvisadas, reposeras, sombrillas de distintos colores. No hay pose: hay vida cotidiana .  Cada grupo parece vivir su propio verano, aunque todos comparten el mismo espacio. La ciudad observa desde atrás, elevada, casi indiferente. El mar no es postal perfecta: es real, usado, habitado.  El verano no promete nada: sucede. La arena está marcada por miles de pasos, las carpas se levantan como refugios precarios y los cuerpos —todos distintos— buscan lo mismo: un rato de alivio frente al mar. El Club de Pesca permanece firme, apoyado sobre pilotes que han visto pasar generaciones. Detrás, la ciudad crece y observa; delante, el mar insiste, siempre igual y siempre distinto. Nadie posa. Nadie actúa. Cada grupo vive...

Entre el ruido y la soledad: un motociclista en la ciudad

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  Confiado Distraído Solo La ciudad no descansa. Respira apurada, avanza sin mirar atrás, exige atención constante. la concentración absoluta necesaria para seguir, la distracción mínima que acecha en cualquier esquina, y la soledad inevitable de quien se mueve entre multitudes sin formar parte de ellas. Avanzamos juntos, pero cada uno en su propio carril En estas tres imágenes, un motociclista atraviesa ese pulso urbano donde todo sucede al mismo tiempo: colectivos que pasan como paredes móviles, autos que empujan el aire, peatones que cruzan con prisa y semáforos que ordenan el caos por segundos. El protagonista es siempre el mismo, aunque nadie lo conozca. Casco puesto, mirada al frente, cuerpo tenso. Rodeado de ruido, viaja en silencio. La ciudad lo acompaña, pero no lo contiene. Cada fotografía captura un estado distinto: La vida urbana es así: compartida y solitaria al mismo tiempo.

Soledad en el verano La Foto

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Solos. El verano en Mar del Plata estalla a unos metros: hay gente, colores, risas y caminantes que pasan como un río incesante. Sin embargo, aquí —en primer plano— la escena es otra. Dos personas sentadas, conversando o tal vez calladas, rodeadas de mesas vacías que parecen repetir el eco de un silencio que no todos perciben. ía"í La soledad, cuando aparece así, en plena multitud, tiene una fuerza distinta. No es ausencia, es pausa. Es ese espacio invisible donde dos seres pueden encontrarse sin que el mundo los interrumpa. O quizá todo lo contrario: están juntos, pero solos entre miles, y ese contraste despierta preguntas —¿de qué hablan? ¿Comparten un secreto o se hunden en el mismo silencio? ¿Es compañía o distancia? El lobo marino de piedra observa a lo lejos, testigo eterno de temporadas que pasan, de amores de verano y despedidas al caer la tarde. Y así, la fotografía captura no solo un momento, sino una sensación: que aún en medio del bullicio, la soledad puede ser un pun...

Un Encuentro con la Paloma Urbana

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Penetrante Un ave cualquiera para algunos, pero un personaje urbano para quien se detiene a mirar. Esta paloma no vuela ni se esconde. Descansa, observa y, sin moverse, parece controlar el mundo con esos ojos intensos que no pasan desapercibidos. En su quietud hay carácter; en su postura, una pequeña declaración de existencia. La ciudad es su casa, la vereda su trono y nosotros, simples transeúntes, apenas invitados en su territorio. No es solo un ave en reposo: es un retrato  del ritmo urbano, de esos momentos que pasan inadvertidos hasta que una cámara los detiene y nos obliga a mirar de nuevo. Porque incluso en lo cotidiano, cuando algo nos mira a los ojos… se vuelve imposible ignorarlo.   Mas de animales

Olas Indomables: el Mar Salvaje

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Dos a su destino   El mar siempre tiene algo para decir, incluso cuando no estamos listos para escucharlo. En días como este, cuando las olas golpean con carácter y la espuma lo tiñe todo de blanco, uno entiende que el océano no negocia. Marca su ritmo, impone su pulso, y nos obliga a mirarlo de frente. Hay quienes ven solo agua revuelta; otros, una coreografía perfecta de caos y armonía. Porque incluso cuando parece enfadado, el mar respira belleza: en el vaivén infinito, en el murmullo grave del oleaje, en esa manera tan suya de demostrar que no hay fuerza más antigua ni más libre. Tal vez por eso nos atrae. Porque nos recuerda que la vida también es espuma, oleaje, calma y tormenta. Que a veces avanzamos con firmeza y otras retrocedemos, arrastrados por corrientes que no elegimos. Y aun así, seguimos. Como el mar. Fotografías que dialogan con estas (clic aquí)

Un Remanso en la Ciudad

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Arte, Sombra y Vida Cotidiana en Pleno Buenos Aires La Duda En esta imagen se abre un rincón clásico de Buenos Aires donde el arte y la naturaleza conviven en total armonía. El parque se despliega luminoso, con árboles que se entrelazan como si dibujaran historias en el cielo, mientras la escultura central —serena y casi escondida entre las sombras— se integra al paisaje como un susurro de otra época. A su alrededor, la vida sigue su ritmo simple y humano: jóvenes descansan sobre el pasto, otros conversan, algunos simplemente disfrutan del sol. Todo ocurre sin estridencias, de manera natural, como si cada persona encontrara su propio lugar en este pequeño refugio urbano. La escena invita a detenerse un instante, respirar profundo y recordar que, incluso en el corazón de la ciudad, existen espacios donde el tiempo parece hacerse más amable. Este es uno de ellos: un punto de encuentro entre la calma, la historia y la vida diaria.

La calma de un dia cualquiera de verano

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Sombras al Sol. Un mediodía cualquiera junto al mar. La brisa corre suave y las voces se confunden con el murmullo de las olas. Las figuras, recortadas contra el cielo y el horizonte, parecen detener el tiempo por un instante: turistas, caminantes, quizás amigos que descansan después de la caminata. Hay algo eterno en esa quietud, una pausa luminosa que huele a verano y recuerdos. Todo parece tan simple, tan humano, tan de aquellos días en los que bastaba el sol y el mar para sentir que la vida estaba completa.

Sonrisa y Honor

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  La fotografía captura un instante donde la solemnidad y la alegría conviven en perfecta armonía. Las jóvenes del servicio de aviación argentino marchan con porte firme, sus uniformes impecables y las miradas decididas. Sin embargo, entre la disciplina y la marcialidad, brota algo profundamente humano: la sonrisa compartida, el gesto de camaradería que rompe la rigidez del desfile y revela la esencia del espíritu militar moderno. Cada una de estas mujeres representa una nueva generación dentro de las Fuerzas Armadas: profesionales, seguras de sí mismas, comprometidas con el deber pero también con la vida. En sus rostros se adivina orgullo, pero no altivez; respeto por la tradición, pero también frescura y confianza. La imagen se transforma así en un homenaje a la vocación y al empoderamiento. Refleja un tiempo donde el uniforme ya no borra la individualidad, sino que la eleva, la enmarca en un contexto de igualdad y pertenencia. Es el retrato de la fuerza serena de la mujer en ...

Verano urbano en la rambla

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 El verano respira entre pasos lentos y sombras cortas.  En la rambla de Mar del Plata, la ciudad se mezcla con el mar, y la vida parece detenerse un instante bajo el sol. La gente camina, conversa, busca refugio en una sombrilla o simplemente se deja llevar por la brisa.  En blanco y negro, todo parece más eterno: el rumor de las olas, el reflejo en el cemento, la calma de un día que podría repetirse mil veces sin perder su encanto.

El Chico del Cántaro en el Jardín Botánico.

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  En pleno corazón de Buenos Aires, el Jardín Botánico Carlos Thays guarda verdaderas joyas que combinan naturaleza, arte y cultura. Una de ellas es la escultura conocida como “El chico del cántaro” , que se encuentra entre senderos rodeados de flores, árboles y plantas de todo el mundo. La obra representa a un niño sonriente sosteniendo un cántaro del que brota un hilo de agua cristalina. Su postura relajada y la expresión alegre en el rostro transmiten frescura, inocencia y la sensación de juego, como si el tiempo se hubiera detenido en una tarde de verano. Este rincón del Jardín Botánico no solo es un punto ideal para tomar fotografías, sino también un lugar para reflexionar sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza. El verde intenso de las plantas, el colorido de las flores y el sonido del agua crean un ambiente que invita a detenerse, respirar y disfrutar del momento. Visitar esta escultura es encontrarse con un espacio donde arte y naturaleza conviven en perf...