Hoja de otoño suspendida en la oscuridad: belleza mínima y tiempo detenido
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El último instante |
Una sola hoja basta para decirlo todo.
Aislada sobre un fondo negro absoluto, esta hoja de otoño deja de ser parte del árbol para convertirse en protagonista. Ya no hay paisaje, no hay contexto: solo materia, color y tiempo.
Sus tonos ocres y rojizos hablan de transformación, de un ciclo que se apaga sin dramatismo. No es una imagen triste; es serena. La hoja no cae: flota. Como si el instante hubiese decidido detenerse un segundo más antes del final.
La virtud de esta fotografía está en su sencillez extrema. El vacío que la rodea no resta, suma. El negro profundo potencia la textura, las nervaduras, las pequeñas imperfecciones que la vuelven real. Cada detalle cuenta una historia breve: la del paso del tiempo, la del cambio inevitable, la de la belleza que aparece justo cuando algo deja de ser.
Es una imagen que invita a mirar despacio, a aceptar lo efímero y a encontrar poesía en lo mínimo. Una hoja cualquiera, en el momento justo, se vuelve símbolo.
Una hoja sola basta.
No para explicar el otoño,
sino para recordarnos que todo lo que cambia
también puede ser bello en su último instante.

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