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El vendedor de flores del Microcentro: belleza anónima en la ciudad que corre

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Vendedor de flores En una esquina del Microcentro porteño, un vendedor de flores espera. Es un hombre de mediana edad que trabaja en silencio mientras la ciudad sigue su curso entre peatones apurados, edificios históricos y el ruido constante del tránsito. La fotografía, realizada en blanco y negro, registra una escena cotidiana que suele pasar inadvertida. El contraste entre la arquitectura monumental y el pequeño puesto de flores resalta la fragilidad del trabajo informal frente a la magnitud de la ciudad. No hay gesto teatral ni pose: solo la presencia firme de quien ofrece su producto día tras día. La imagen documenta una realidad urbana frecuente en Buenos Aires: personas que sostienen su economía en la vía pública, integradas al paisaje sin ser vistas. El vendedor de flores se convierte así en un testimonio visual del Microcentro y de quienes lo habitan desde los márgenes, aportando humanidad a un espacio dominado por el movimiento y la prisa.  

Donde el mar nos junta: el verano real en Mar del Plata

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Desde la Playa La escena muestra una playa popular de Mar del Plata , con el Club de Pesca como fondo simbólico. El muelle funciona como eje visual y emocional: une ciudad y mar, pasado y presente. En primer plano, la playa está llena de cuerpos diversos , carpas improvisadas, reposeras, sombrillas de distintos colores. No hay pose: hay vida cotidiana .  Cada grupo parece vivir su propio verano, aunque todos comparten el mismo espacio. La ciudad observa desde atrás, elevada, casi indiferente. El mar no es postal perfecta: es real, usado, habitado.  El verano no promete nada: sucede. La arena está marcada por miles de pasos, las carpas se levantan como refugios precarios y los cuerpos —todos distintos— buscan lo mismo: un rato de alivio frente al mar. El Club de Pesca permanece firme, apoyado sobre pilotes que han visto pasar generaciones. Detrás, la ciudad crece y observa; delante, el mar insiste, siempre igual y siempre distinto. Nadie posa. Nadie actúa. Cada grupo vive...