Playa saturada: sombrillas, carpas y verano sin espacio en la costa argentina
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Playa saturada |
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Multitud veraniega |
El mar está ahí. Inmenso. Indiferente.
Pero casi no se lo ve.
La arena dejó de ser paisaje para convertirse en territorio ocupado. Sombrillas clavadas como banderas, carpas que delimitan pequeñas patrias familiares, sillas que marcan fronteras invisibles. Cada grupo arma su mundo mínimo en medio del mundo de todos.
El verano no se discute: se impone.
Las telas tensadas buscan sombra como si el sol fuera enemigo. Las conversaciones se superponen. Los cuerpos se amontonan. El horizonte queda fragmentado entre varillas de aluminio y rayas de colores. El mar, al fondo, espera su turno.
En una de las imágenes, los edificios observan desde atrás como testigos mudos. La ciudad no desaparece en vacaciones: se traslada.
En la otra, el océano asoma apenas entre las carpas, recordándonos que todo esto sucede frente a algo mucho más grande.
No hay silencio, pero hay algo profundamente humano en esta escena.
La necesidad de estar. De pertenecer. De decir “acá estamos” aunque no quede casi lugar.
Dos fotos, un mismo tema: la playa ya no es paisaje, es multitud.
Y en esa multitud también hay una forma de belleza: caótica, repetida, insistente.
El verano argentino no entiende de distancias.
Se vive así. Juntos. Demasiado juntos.
Y quizá, en ese exceso, también esté su verdad.


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