Que el amor guíe nuestros pasos (Deseo 2026)
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Besote |
Este no es un texto nuevo. Es el mismo deseo que escribí en 2024, vuelto a mirar con otros ojos y con la certeza de que, aunque el calendario avanza, las condiciones del mundo no han cambiado tanto.
La imagen que acompaña este post vuelve a ser la misma: una pareja de rollers, detenida en plena calle, abrazada con un amor visible, sin cálculo ni estrategia. Un gesto simple, directo, humano. Un momento que habla de entrega, confianza y conexión profunda.
Desde la mirada de este viejo —que no puede dejar de pensar en el mundo que les dejaremos a nuestros nietos— vuelve la misma pregunta, tan sencilla como incómoda:
¿Qué pasaría si ese nivel de compromiso y unidad existiera también entre quienes toman decisiones?
Hablo de dirigentes políticos, pero también de empresarios, sindicalistas y líderes sociales. De todos aquellos que tienen poder real para influir en la vida de los demás. ¿Qué pasaría si, aunque fuera por un momento, dejaran de lado intereses sectoriales, mezquindades y egos, y se movieran con un objetivo común: el bienestar de todos?
No se trata de ingenuidad. Se trata de sentido de oportunidad. El mundo sigue atravesado por conflictos, desigualdades, crisis ambientales, guerras, pobreza y miedo. Cambian los nombres, cambian los discursos, pero el fondo sigue siendo el mismo.
En Argentina, esta reflexión es todavía más cercana. Vivimos en tensión permanente, en discusiones que se repiten, en enfrentamientos que desgastan. Imaginar a los dirigentes bailando una danza de soluciones —en lugar de chocar una y otra vez— no es una fantasía romántica: es una necesidad urgente.
La pareja de rollers, expuesta en medio de la calle, sin esconderse, sin miedo al qué dirán, puede leerse como un símbolo. Un recordatorio de que es posible avanzar juntos, aun en un entorno hostil. De que el abrazo no es debilidad, sino una forma poderosa de sostenerse.
A escala global, el mensaje es el mismo. Si el amor —entendido como respeto, empatía y responsabilidad por el otro— guiara las decisiones, muchos conflictos podrían evitarse. La cooperación internacional dejaría de ser un discurso vacío y se transformaría en una práctica real para enfrentar desafíos comunes.
Claro que la política es compleja. Existen intereses, historias, ideologías y diferencias reales. Pero seguir apostando únicamente a la confrontación ya demostró su límite. Pensar el amor como una fuerza orientadora no elimina los conflictos, pero puede cambiar la forma de abordarlos.
Este post vuelve a publicarse como mi deseo para 2026. No porque crea que el amor resolverá todo, sino porque sigo convencido de que sin él no se resolverá nada.
Que el amor —el mismo que vemos en ese abrazo sobre ruedas— guíe nuestros pasos. Aunque parezca utópico. Aunque suene ingenuo. Porque, al final, es lo único verdaderamente transformador que tenemos.
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