Palomas en Laprida.

 Cuando la ciudad aprende a esperar

En una cornisa gastada del centro porteño, un grupo de palomas parece detener el tiempo. La calle Laprida, con sus muros marcados por los años, se convierte en escenario de una pausa urbana donde la ciudad de Buenos Aires baja el ritmo y se deja observar.


Grupo de palomas posadas en una cornisa sobre la calle Laprida, en una escena urbana de Buenos Aires con paredes envejecidas.



Sobre el cemento herido por el paso del tiempo, las palomas se alinean como pensamientos sueltos.

No vuelan. No huyen.
Esperan.
Esta fotografía urbana captura ese instante simple y profundo donde el tiempo baja la velocidad y lo cotidiano se vuelve significativo. Mirar estas escenas es otra forma de entender Buenos Aires.

La ciudad no siempre corre. A veces se queda quieta, sostenida por escenas mínimas que casi nadie mira. La señal de la calle, la pared descascarada, la cornisa: todo forma parte de un paisaje urbano cotidiano donde la vida encuentra su lugar sin hacer ruido.

Las palomas no miran al cielo. Miran la ciudad tal como es: gastada, ruidosa, viva.

Esta fotografía urbana no busca el impacto, sino la permanencia. Nos recuerda que Buenos Aires también se construye con silencios, con esperas breves, con escenas simples que revelan su identidad más profunda. La ciudad habla bajo, pero dice mucho.

En esta escena mínima de la calle Laprida, Buenos Aires se muestra tal como es: una ciudad hecha de pausas invisibles. Las palomas, quietas sobre el cemento, recuerdan que la vida urbana no solo avanza, también se detiene.


Esta imagen dialoga con otra entrada del blog:
Entre el ruido y la soledad en la ciudad

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