El dibujo del invierno contra el cielo azul

El invierno desvistió al arbol, dos pájaros se sostienen en lo alto.

Desnudado


 En esta fotografía, las ramas desnudas de un árbol se recortan con fuerza sobre un cielo intensamente azul. No hay hojas, no hay flores, no hay movimiento visible. Sin embargo, la imagen está llena de vida.
Frente a un cielo azul limpio, casi absoluto, las ramas desnudas se abren como un mapa de líneas vivas, trazadas por el tiempo y la estación.
Cada rama avanza, se cruza, duda y continúa, como si buscara su lugar en el espacio. El invierno no oculta: revela. Quita lo superfluo y deja a la vista la forma esencial.
Porque incluso desnudo, el árbol permanece. Y en esa quietud, nos recuerda que también nosotros, cuando soltamos, seguimos siendo.

El árbol, despojado por la estación, muestra su estructura esencial: un entramado de líneas que se cruzan, se superponen y dialogan entre sí. Cada rama parece buscar su propio camino, creando un dibujo casi abstracto contra el fondo limpio del cielo.

La luz resalta los tonos cálidos de la madera y contrasta con el azul frío del fondo. Esa combinación simple —líneas y color— alcanza para transmitir calma, silencio y una sensación de pausa. Es una escena cotidiana, pero al mismo tiempo invita a detenerse y observar.

Esta foto no pretende explicar nada. Solo propone mirar. A veces, en lo simple y aparentemente vacío, se esconde una belleza que pasa desapercibida si no bajamos el ritmo.

El árbol ha perdido sus hojas, pero no su voz.

No hay ornamento ni exceso. Solo estructura. Solo verdad.

La luz acaricia la madera y la vuelve cálida, humana. El cielo, inmenso y quieto, acompaña en silencio. En ese diálogo simple ocurre algo profundo: la calma aparece sin ser llamada.

Esta imagen no habla de ausencia, sino de espera.

Y cuando todo parece reducirse al gesto cotidiano, al intercambio mínimo que sostiene el día, dos pájaros permanecen arriba, en las ramas.

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