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Palomas en Laprida.

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 Cuando la ciudad aprende a esperar En una cornisa gastada del centro porteño, un grupo de palomas parece detener el tiempo. La calle Laprida, con sus muros marcados por los años, se convierte en escenario de una pausa urbana donde la ciudad de Buenos Aires baja el ritmo y se deja observar. Sobre el cemento herido por el paso del tiempo, las palomas se alinean como pensamientos sueltos. No vuelan. No huyen. Esperan. Esta fotografía urbana captura ese instante simple y profundo donde el tiempo baja la velocidad y lo cotidiano se vuelve significativo. Mirar estas escenas es otra forma de entender Buenos Aires. La ciudad no siempre corre. A veces se queda quieta, sostenida por escenas mínimas que casi nadie mira. La señal de la calle, la pared descascarada, la cornisa: todo forma parte de un paisaje urbano cotidiano donde la vida encuentra su lugar sin hacer ruido. Las palomas no miran al cielo. Miran la ciudad tal como es: gastada, ruidosa, viva. Esta fotografía urbana...

Un edificio que desafía al cielo.

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El edificio se levanta recto, sin gestos. No busca llamar la atención, pero la impone. Frente a él, el cielo se carga de nubes densas, casi pesadas, como si algo estuviera por romperse. No es solo una escena urbana: es un estado de ánimo. Las ventanas cerradas repiten un mismo ritmo, una vida ordenada que no se ve. Adentro, alguien espera. Afuera, la ciudad se detiene por un instante. Los autos abajo parecen pequeños, pasajeros, mientras la torre permanece inmóvil, sosteniendo el peso del cielo. Esta imagen habla de la ciudad actual: vertical, silenciosa, llena de presencias invisibles. Habla también de nosotros, de cómo seguimos en pie aun cuando el entorno se vuelve oscuro, aun cuando no sabemos si la tormenta pasará rápido o dejará marcas. No hay personas en la foto, pero la huella humana está en cada detalle. En cada ventana, en cada balcón, en esa arquitectura que observa sin responder. Una imagen para mirar despacio. Para entender que, incluso en la quietud, algo siempre está oc...

El dibujo del invierno contra el cielo azul

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Desnudado  En esta fotografía, las ramas desnudas de un árbol se recortan con fuerza sobre un cielo intensamente azul. No hay hojas, no hay flores, no hay movimiento visible. Sin embargo, la imagen está llena de vida. Frente a un cielo azul limpio, casi absoluto, las ramas desnudas se abren como un mapa de líneas vivas, trazadas por el tiempo y la estación. Cada rama avanza, se cruza, duda y continúa, como si buscara su lugar en el espacio. El invierno no oculta: revela. Quita lo superfluo y deja a la vista la forma esencial. Porque incluso desnudo, el árbol permanece. Y en esa quietud, nos recuerda que también nosotros, cuando soltamos, seguimos siendo. El árbol , despojado por la estación, muestra su estructura esencial: un entramado de líneas que se cruzan, se superponen y dialogan entre sí. Cada rama parece buscar su propio camino, creando un dibujo casi abstracto contra el fondo limpio del cielo. La luz resalta los tonos cálidos de la madera y contrasta con el azul frío de...

Que el amor guíe nuestros pasos (Deseo 2026)

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Besote Este no es un texto nuevo. Es el mismo deseo que escribí en 2024, vuelto a mirar con otros ojos y con la certeza de que, aunque el calendario avanza, las condiciones del mundo no han cambiado tanto. La imagen que acompaña este post vuelve a ser la misma: una pareja de rollers, detenida en plena calle, abrazada con un amor visible, sin cálculo ni estrategia. Un gesto simple, directo, humano. Un momento que habla de entrega, confianza y conexión profunda. Desde la mirada de este viejo —que no puede dejar de pensar en el mundo que les dejaremos a nuestros nietos— vuelve la misma pregunta, tan sencilla como incómoda: ¿Qué pasaría si ese nivel de compromiso y unidad existiera también entre quienes toman decisiones? Hablo de dirigentes políticos, pero también de empresarios, sindicalistas y líderes sociales. De todos aquellos que tienen poder real para influir en la vida de los demás. ¿Qué pasaría si, aunque fuera por un momento, dejaran de lado intereses sectoriales, mezquindades y e...

El vendedor de flores del Microcentro: belleza anónima en la ciudad que corre

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Vendedor de flores En una esquina del Microcentro porteño, un vendedor de flores espera. Es un hombre de mediana edad que trabaja en silencio mientras la ciudad sigue su curso entre peatones apurados, edificios históricos y el ruido constante del tránsito. La fotografía, realizada en blanco y negro, registra una escena cotidiana que suele pasar inadvertida. El contraste entre la arquitectura monumental y el pequeño puesto de flores resalta la fragilidad del trabajo informal frente a la magnitud de la ciudad. No hay gesto teatral ni pose: solo la presencia firme de quien ofrece su producto día tras día. La imagen documenta una realidad urbana frecuente en Buenos Aires: personas que sostienen su economía en la vía pública, integradas al paisaje sin ser vistas. El vendedor de flores se convierte así en un testimonio visual del Microcentro y de quienes lo habitan desde los márgenes, aportando humanidad a un espacio dominado por el movimiento y la prisa.  

Donde el mar nos junta: el verano real en Mar del Plata

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Desde la Playa La escena muestra una playa popular de Mar del Plata , con el Club de Pesca como fondo simbólico. El muelle funciona como eje visual y emocional: une ciudad y mar, pasado y presente. En primer plano, la playa está llena de cuerpos diversos , carpas improvisadas, reposeras, sombrillas de distintos colores. No hay pose: hay vida cotidiana .  Cada grupo parece vivir su propio verano, aunque todos comparten el mismo espacio. La ciudad observa desde atrás, elevada, casi indiferente. El mar no es postal perfecta: es real, usado, habitado.  El verano no promete nada: sucede. La arena está marcada por miles de pasos, las carpas se levantan como refugios precarios y los cuerpos —todos distintos— buscan lo mismo: un rato de alivio frente al mar. El Club de Pesca permanece firme, apoyado sobre pilotes que han visto pasar generaciones. Detrás, la ciudad crece y observa; delante, el mar insiste, siempre igual y siempre distinto. Nadie posa. Nadie actúa. Cada grupo vive...

Entre el ruido y la soledad: un motociclista en la ciudad

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  Confiado Distraído Solo La ciudad no descansa. Respira apurada, avanza sin mirar atrás, exige atención constante. la concentración absoluta necesaria para seguir, la distracción mínima que acecha en cualquier esquina, y la soledad inevitable de quien se mueve entre multitudes sin formar parte de ellas. Avanzamos juntos, pero cada uno en su propio carril En estas tres imágenes, un motociclista atraviesa ese pulso urbano donde todo sucede al mismo tiempo: colectivos que pasan como paredes móviles, autos que empujan el aire, peatones que cruzan con prisa y semáforos que ordenan el caos por segundos. El protagonista es siempre el mismo, aunque nadie lo conozca. Casco puesto, mirada al frente, cuerpo tenso. Rodeado de ruido, viaja en silencio. La ciudad lo acompaña, pero no lo contiene. Cada fotografía captura un estado distinto: La vida urbana es así: compartida y solitaria al mismo tiempo.