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El guardián mínimo del parque

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Vigia. Hay escenas que no hacen ruido, pero sostienen todo. Un pequeño pájaro se posa sobre la piedra, elevado apenas unos centímetros del suelo, como si ese gesto mínimo le diera autoridad. No canta. No vuela. Observa. Desde ahí arriba, el parque parece otro: más lento, más atento, más verdadero. La fotografía urbana suele correr detrás del movimiento, pero esta imagen hace lo contrario. Se queda. Espera. Deja que el fondo se diluya para que la mirada se concentre en lo esencial: una presencia frágil y firme al mismo tiempo, en medio de la ciudad. Tal vez sea un vigía. Tal vez solo descansa. O tal vez cumple el rol más difícil: estar presente cuando nadie mira. Algunas, como esta, simplemente acompañan. En una ciudad que empuja, acelera y distrae, estos momentos mínimos funcionan como anclas. Pequeños recordatorios de que todavía hay lugar para el silencio, incluso entre cemento, escalones y rutina. No todas las fotos necesitan explicación.  

Cinco flores, un mismo silencio

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No todas las flores quieren ser vistas de lejos. Algunas exigen pausa. El blanco y negro las despoja del adorno y las deja solas con su forma, con su manera única de ocupar el espacio. Estas cinco no buscan llamar la atención. La esperan. Geometría natural en silencio (clic para ampliar) Tal vez por eso fotografiar flores no es hablar de ellas. Es hablar de nosotros. De lo poco que miramos. De lo rápido que pasamos. De todo lo que florece igual, incluso cuando nadie se detiene. Estas flores no piden nombre, no reclaman color, no explican nada. Están. Y a veces, eso alcanza.

La aguja que nadie mira: curiosidad urbana en pleno centro porteño

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Lunga Hay calles que creemos conocer de memoria. Las caminamos apurados, con la mirada baja, convencidos de que ya no guardan sorpresas. Pero a veces, en pleno centro de Buenos Aires, algo se planta frente a nosotros y nos obliga a frenar. Una estructura imposible, delgada como una aguja, se eleva entre edificios que cargan décadas de historias. No parece pertenecer a la calle, ni al tiempo. Está ahí, como si alguien la hubiera olvidado en medio del paisaje urbano… o como si siempre hubiese estado y recién ahora decidiéramos verla. La escena es simple y extraña a la vez: una calle casi vacía, un hombre detenido, y esa presencia vertical que rompe la lógica del entorno. ¿Qué sostiene? ¿Para qué sirve? ¿Por qué nadie parece mirarla? Tal vez la fotografía no hable de la estructura en sí, sino de nuestra costumbre de naturalizar lo extraño. De aceptar lo absurdo como parte del paisaje. De seguir caminando sin preguntas. Esta imagen es una pausa. Un recordatorio de que incluso en el co...